Lo grande en lo pequeño

Pinturas: Edward Hopper

Pinturas: Edward Hopper

“Y, al fin declararon que los dioses lo habían querido de este modo. Así olvidaron los hombres que todas las deidades residen en el corazón”.

William Blake

Hay un paraíso inmenso en cada gota de agua. Un paraíso en el que podrías sumergirte y vivir allí sin necesitar nada más.

En cada célula de tu cuerpo tienes toda la información del universo, si es que es verdad lo que dicen los físicos teóricos del holograma. Y si no fuera así, ¿qué más da?, también lo dicen los poetas y ellos hablan con la sabiduría del no conocimiento.

En el poema más insignificante, más vulgar, más cursi y espontáneo puedes encontrar mucha más verdad que en un docto tratado de filosofía pretendiendo sentar doctrina.

Fíjate bien. Detente. Enfoca tu atención y contempla la impecable armonía de todas las cosas.

Centra tus ojos en lo que tienes delante y escarba en su interior sin intención, déjate ir adonde te lleva, no metas tu deseo, déjate arrastrar por las olas de la vibración.

Mira por la ventana y observa las flores mecerse en colores que han elegido para adornarse y que puedes disfrutar. Observa, las flores, observa un pétalo y observa ahora tan solo el color, la inmensidad de la luz materializada en esa frecuencia que has dado el nombre de amarillo.

Mira por la ventana y si no hay flores, tal vez tengas mar y montañas como yo en este preciso momento. Y tal vez tengas una pared gris de un edificio cercano y tal vez tengas balcones agitados de humanidades viviendo sus vidas en las distintas expresiones individuales de la totalidad.

Mira por la ventana y observa algo, solo ese algo y mira como se diluye en la inmensidad y como pierde todo su significado particular, se desvanecen todas las asociaciones mentales que tienes construidas en torno a él y se funde en el vacío cósmico donde todo está lleno de la inmensidad de la única verdad.

Y mira, y mira que no hay ventana ahora por donde mirar, y mira entonces la pared, y detente en las pequeñas manchas de la pintura, en las formas que crea la irregularidad del cemento. Mira como mirabas cuando eras un niño y te detenías en observar los rostros que se formaban en la pared. Trasládate a aquellos momentos de tu infancia y descubre con gozo y alegría que aún está ahí toda tu sensación infantil, siente esa emoción de hallazgo que te estremece y te provoca hasta casi lágrimas y construye universos con esos personajes y paisajes en la pared.

Piérdete en el techo y localiza allí las estrellas. Todo está allí. Está allí para ti, es tuyo y de todos y de nadie.

Descubre la inconmensurable grandeza de que eres poseedor. Date cuenta de que lo tienes todo.

Abandona los logros, abandona la carrera por conseguir cosas, abandona lo grande y entiende que en lo pequeño hay tanto que es hasta inabarcable en una sola vida. Entiende el sentido del disfrute y deja de perseguir lo grande en dimensiones, en luces, en rótulos o en prestigio; abandona lo lejano, lo inalcanzable, lo que quieres adherirte para que te haga feliz. Esas cosas son tan grandes que no podrías disfrutarlas, ¿cómo abrazar un coche nuevo?, cómo acariciar un trabajo millonario?, ¿cómo besar un gran chalet? Entiéndelo y empieza a entregarte al disfrute por el disfrute mismo.

Eres afortunado por todo lo que no tienes. Eres un agraciado por no tener que arrastrar pesadas cargas. Eres más grande cuanto más suelto estás. Eres más inmenso cuanto más te acercas a la unidad esencial.

Cuando en alma encarnaste no necesitaste nada más que un cuerpo desnudo. Solo cuida ese vehículo como un templo, lo demás… lo demás tan solo son accesorios que puedes disfrutar cuando están y que puedes olvidar cuando se van.

Abandona el deseo y deja vivir la pasión.

Acaricia tu cuerpo desnudo, abrázate hasta fundirte contigo. Baila contigo. Siénteme, que también estoy ahí. Siente la vida y a toda la humanidad en un mismo baile de amor. Estamos todos allí junto a ti. Siente cómo el universo está dentro de ti y que eres grande tan solo así, con esa sencillez.

Viniste a este mundo y solo necesitaste un cuerpo desnudo, y así igual te irás. Desnúdate de escenarios y harapos lujosos y hazte el amor hasta enloquecer, y luego quédate allí, mirando el techo y perdiéndote en una estrella al azar.

Leandro Ojeda López
Pinturas: Edward Hopper

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