Lo único que has de hacer es estar vivo

Pinturas de Erin Hanson

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Permite que el sol te bañe de luz, permite que tu luz ilumine al sol.

¿Te has fijado en los árboles de tu alrededor? Ellos están ahí. Permanecen y viven. Viven hasta el día de su muerte. Hasta ese día viven. No tienen que hacer nada más, o eso suponemos.

Tú no tienes que hacer nada.

Tienes que estar.

Tienes que estar plantado en tu vida.

Tienes que vivir.

Nada más.

Si tienes una misión en esta vida, eso es algo que descubrirás o que ya habrás descubierto. Si tienes esa misión, no será algo que tengas que hacer como una imposición u obligación, será algo que reconocerás internamente porque hervirá en ti como una pasión irrefrenable que nada podrá detener. Eso sí que es vivir.

Vivir tu pasión, es vivir intensamente con todos tus cuerpos que tu alma moverá incansable. Y no tienes que hacer nada. Eso será todo. Tu misión se estará cumpliendo, transcurriendo, no has de ir, no has de acudir a cumplirla.

No tienes que sobrevivir. Sobrevivir es vivir por encima del vivir. Cualquier cosa por encima o por debajo está fuera del vivir.

-Esto no es vida-, te dices, cuando te dedicas a sobrevivir. Y es verdad, no es vida, no es vivir.

Te han criado en la cultura del esfuerzo, del cansancio, del sentir que no puedes conseguirlo si no te sacrificas hasta el último día, para que ese día tengas un bonito cajón y un trozo de tierra en el que ser guardado tu cuerpo desalmado.

Y te dedicas a sobrevivir. Y te tomas un período al año para vivir al que llamas vacaciones; y te tomas unos ratos al día para vivir a los que llamas salir a dar una vuelta a ver escaparates o echarte en el sillón a ver televisión y beber cerveza hasta terminar de adormecerte por completo. Y en esas, olvídate de tener sueños lúcidos, olvídate de iluminar tu consciencia durante el sueño, tendrás solo sueños dormidos, tan inertes como durante el día.

Lo único que has de hacer es estar vivo.

Y eso es lo mismo que estar soñando todo el día, que es exactamente lo contrario de estar dormido todo el día.

Cuando vives en el sueño, ya no distingues la noche del día, ya no distingues un sueño en vigilia de un sueño en la noche de tu cama. Ya tu vida se transforma en tu sueño y tus sueños se convierten en la vida que vives.

¿Sabes si los árboles de tu alrededor tienen una misión de vida? Tal vez sí, y tal vez algunos la cumplan y otros mueran antes de haber vivido.

Tampoco lo sabes con certeza tú. Por más que hablemos de sabiduría y de certezas, tampoco lo sabemos en verdad.

Así que no hagas nada, no intentes nada, solo vive.

No quieras sobrevivir y menos malvivir. Solo vive.

Vive con lo que tengas, con lo que venga.

Vive este amor y vive este desamor.

Vive este encuentro y vive este desencuentro.

Vive este nacimiento y vive esta muerte.

Vive este éxito y vive esta derrota.

Vive en la dicha perfecta y vive en la completa amargura.

Vive en este exacto momento de iluminación y vive en esta máxima incertidumbre.

Vive como si hubieras vivido siempre y vive como si vivieras por primera vez.

Vive, no tienes obligaciones hoy.

Vive, tu agenda se ha incendiado y no se fabricará ninguna más.

Vive, nadie te llamará para recordarte que has olvidado la cita.

Vive, este segundo no espera, este segundo transcurre, este segundo te abraza.

Vive como si no hubiera tiempo ni espacio.

Simplemente no hagas nada.

Simplemente, vive.

Ya estás en este aquí.

Ya estás viviendo tu vida.

Ya estás vivo.

Sigue así.

Permanece vivo.

Leandro Ojeda López
Pinturas de Erin Hanson

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