Cuando oyes el canto de un pájaro

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“No te mueras con tu canción aún dentro de ti”.

Wayne Dyer

Estás sentado en un instante de tu vida en que vas a programar tu nueva vida.

Hay una sensación de alegría interna, de pequeña inmensa convicción de que estás ante un momento importante hacia la felicidad. Estás en blanco antes de empezar a programar, pero sabes que hay alguna claridad exacta aunque aún no seas capaz de escribir ni una letra sobre el papel que has dispuesto sobre la mesa para llenarlo de rutas, pasos y puertos de esa vida nueva que presientes.

Entonces, de la nada y porque sí, un pájaro se posa sobre tu mesa y la camina. Un pájaro que no vuela sino que camina sobre tu mesa. Al poco, se acercan muchos pájaros cantando que vienen a sentarse a las sillas de tu mesa. Son invitados no esperados. Miras alrededor y notas que en ese bar de ese parque hay muchas, muchas mesas, y en ninguna hay pájaros. Habías estado muchas veces allí y nunca se te había acercado un pájaro. Y ahora están ahí, seis, siete, quince… Los cuentas, pero van y vienen y cantan. Justo en este momento y no en otro los pájaros vienen a visitarte. Justo en este momento y no en otro.

Cuando eras niño eras sabio y sabías cantar junto a ellos, escuchar sus consejos, contarle tus sueños. Más tarde, cuando eras materialista habrías pensado en qué casualidad causa-efecto había generado ese suceso tan extraño. Habrías buscado alguna razón que convocara allí a los pájaros. Hasta habrías intentado espantar a esos pájaros, cambiarte de mesa o quejarte al camarero. Pero ahora sabes otra vez y te das cuenta de que traen un mensaje. Son tus hermanos, forman parte de tu mismo universo y no son algo distinto a ti. Son parte de este entramado campo morfogenético, son luces de este destellante campo de información. Tú los has convocado para que vengan a asistirte, o ellos han venido a colaborar o a participar de este instante mágico para que no te distraigas y para que cumplas tu misión ya que a ellos les beneficia o perjudica tu decisión. No eres independiente de todo, y lo que hagas ahora provocará modificaciones mucho más allá de tu pequeño universo individual.

Estos pájaros se te acaban de presentar como aliados, como asistentes, como consejeros de tu alma, como animales temporales de poder, ¿qué duda te cabe ya?

Y te das cuenta y empiezas a elaborar tu plan. Y en ese plan no cabe nada que no lleve a la alegría, nada que impida sacar tu mejor voz. En ese papel que has dispuesto sobre la mesa, esparces las mejores notas que tienes y que has hecho madurar durante años y que te guían a hacer lo que has venido a hacer.

Y, entonces, te decides, y escribes: “SÍ”, a partir de este momento cantaré mi canción, solo mi canción.

Cuando un pájaro canta, escúchalo, esa canción es tu propia canción expresada en su voz.

Leandro Ojeda López

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