Ya estás en casa

ya-estas-en-casa

Imágenes: Allan Terger

Aunque fuerces, aunque te escapes, aunque deshagas fronteras, hay un lugar del que nunca podrás huir. Ese lugar es el que habitas, el ti mismo, tu ser más esencial.

Hoy coges un avión otra vez.

Un nuevo cruce a través del océano y ya van tantos…

Llevas años buscando tu lugar, esperando llegar a casa. Desde tu llegada al planeta estás esperando el momento en que un cartel te indique el camino y una casa se cruce a tus pies con un cartel de ‘Bienvenido a tu hogar’.

Un nuevo cruce atlántico desde casa hacia casa. Ya no sabes bien de dónde eres, cuál es la tierra que te vio nacer; en realidad has tenido varios nacimientos en ambas, y muchas muertes.

Una vez más pasas el control de fronteras –ese gran símbolo de la abstracción internalizada como creencia-. Muestras tus pasaportes para que elijan el que quieran, en realidad te da igual. Si te preguntaran nacionalidad dirías sin dudar y con naturalidad: extranjero. Ya se te ha hecho piel. Ya te has habituado a ser del otro lugar. Cuando estás aquí eres de allá, cuando estás allá eres de aquí. Y en ambos lados cuando te oyen hablar te preguntan de donde eres. De ninguno obviamente, ya no encajas definitivamente, si bien nunca habías encajado, ahora menos. Solo que ahora ya no te empeñas en encajar, ya disfrutas de esa libertad que te da el no pertenecer, de esa soltura que te da el no tener tierra, patria, hogar… Quieres que te observen igual que a las hormigas, que te reconozcan los mismos derechos que a las hormigas que pueden cruzar fronteras sin aduanas ni pasaportes.

Del culo del mundo al culo de Europa como te gusta decir, de una isla pequeña a otra isla gigante, pero isla al fin. Y como siempre te ha gustado ponerlo todo del revés, giras el mapa y haces que el culo se convierta en cabeza. Así está mejor, y de la otra manera, también. No puede haber culo sin cabeza, ni cabeza sin culo. Ha de estar integrado. Siempre integrado. Y para eso hay que agitar, dar vuelta las cosas, ponerlas del revés y volverlas a poner. Del culo a la cabeza, del chakra uno al chakra siete. El cuatro siempre al centro, unificándolo, el timo-corazón-amor-incondicional. Nunca te ha gustado el sexo de primer y segundo chakra, nunca te ha gustado el bypass espiritual. O es todo o no es nada. El mundo no puede parcelarse y tú tampoco.

No hay nación a la que pertenezcas, ni tú ni nadie, aunque sea una creencia popular. No hay casa a la que llegar, aunque sea tan habitual atrincherarse en un refugio.

Ya estás en casa. Siempre lo has estado. Estés donde estés, desnudo en la nada, siempre estás en casa.

Descansa, muchacho, esta noche será corta. Coge tu maleta y sube a ese avión una vez más. En tu isla redonda te esperan, un continente en miniatura que aguarda por ti y tú deseas estar allí otra vez. Allí te esperan el goce de la llegada y el dolor de la partida, y la sucesión interminable de goces y dolores que habrás de vivenciar instante a instante.

Eres afortunado, no tienes patria, ni hogar, ni identidad. Eres afortunado, las ataduras son leves y se disuelven rápido. Eres afortunado, te has habituado a convivir con el desgarro de la separación y ya lo has unificado. Eres afortunado, ya sabes donde está tu casa, tu lugar, tu país. Está en ti, vayas a donde vayas. El resto es tan solo una ilusión, una fantasía carcelaria que ya no te gobierna.

Eres afortunado, ya estás en casa.

Eres afortunado, ya estás en ti.

Leandro Ojeda López

Imágenes: Allan Terger

Anuncios

Un comentario en “Ya estás en casa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s