3- Tú eres el artista y tú eres la obra de arte

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Te empeñas en ser un idiota, te lamentas de que un hijo de puta haya escrito un destino de mierda para ti.

Te hablaron de Dios y solo puedes pensar en él como un cabrón que se divierte viendo como sufres. Has renunciado a Dios y has preferido refugiarte en hipótesis materialistas que te inducen a pensar que detrás de la vida no hay nada, que delante de la vida no hay nada. Prefieres sentir que llegará un día en que te incinerarás en un crematorio o te pudrirás enterrado bajo tierra y todo habrá acabado ya por fin. Sientes que la muerte sería la solución a todo eso que tú llamas “tus problemas”. Y no te suicidas porque has oído que los suicidas se quedan atrapados en un plano intermedio entre la vida y la muerte sin ser conscientes de su muerte, algo muy parecido al infierno. Pese a que has dejado de creer en Dios, pareces creer en el infierno. ¿No te resulta curioso?

Te has refugiado en esa hipótesis materialista que ha olvidado su origen. Se te ha pasado por alto algo tan simple de comprender como que cuando Descartes decide separar la ciencia de la espiritualidad, lo hace, tan solo, para que la ciencia pueda avanzar libremente sin la interferencia de la filosofía religiosa, filosofía que no necesariamente tiene que ver con la espiritualidad. Aquella división abstracta de territorios con la sana intención de repartirse las tareas para profundizar en cada materia, se ha acabado cristalizando en la falsedad de la incompatibilidad de ambos territorios traicionando la intención cartesiana original.

Lo que tal vez no sepas, es que esa misma ciencia no ha podido esquivar a Dios y si no está a las puertas de demostrarlo, será solo porque no estará dentro de las facultades humanas tal demostración, o porque es imposible aprehenderlo en el espectro cuatridimensional. Y tal vez tampoco sepas que la verdadera espiritualidad no reniega en absoluto del espíritu científico, sino que es el espíritu científico en sí mismo.

Te sientes a merced de los vientos del destino y no puedes hacer nada. Te has convencido de que no puedes hacer nada. Te crees un imbécil, y lo que crees es lo que eres.

Leandro Ojeda López
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