Cuando te aceptas de verdad

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Cuando te aceptas de verdad, con una honestidad absoluta y feroz, empezarás a encontrar solo aceptación a tu alrededor.

Cuando te aceptas de verdad no dejas entrar en tu vida a quien te rechaza.

Cuando te aceptas completamente tal cual eres, tal cual estás, no tienes lugar para albergar a quien niega tu presencia. Cuando estás plenamente consciente de tus bellezas y de tus lados más vulnerables, y acoges en ti con amor tanto tu canto de alegría como tu corazón deshecho, no tienes espacio para quien no valora tu ser completo, para quien se queda solo con un lado de ti y evita la otra verdad.

Cuando estás completo en ti, no tienes sitio para las mitades, para parcialidades interesadas, para esos que quieren acompañarte cuando se expresa cristalina esa parte luminosa de tu divinidad y prefieren apartarse cuando tu misma divinidad se expresa como un monstruo de cuatro cabezas.

Cuando te aceptas de verdad no tienes lugar para admitir a quien te rechaza. Cuando sientes que te están rechazando lo que ves es tu propio rechazo, es eso de ti que no te atreves a aceptar. Ocúpate de cómo te rechazas, que es lo que niegas de ti, y olvídate del otro. Ese es alguien que aparece para advertirte, es alguien que también se rechaza. Quien rechaza se rechaza; quien no te admite, no se admite; quien te niega, se niega y es negado a su vez por otros, y así en una cadena infinita.

No es algo personal, no te lo tomes como algo que te hacen a ti, y observa a quién estás rechazando, porque seguramente lo estarás haciendo. Cuando sientes que te rechazan, no solo te rechazas, sino que tú estarás a su vez rechazando a otro que a su vez se rechaza y rechaza. Una sucesión interminable, una cadena sin fin.

Rompe esa cadena, cierra el círculo en ti, admite, acepta lo que hay de hermoso y lo que hay de espantoso en ti. Sumérgete en tus miedos, penetra en tu dolor, examina tus creencias, diluye todo lo que no concuerde con tu mejor imagen de plenitud. Entra sin miedo; el dolor pierde intensidad cuando lo aceptas, cuando lo reconoces; te darás cuenta de que es como un niño pequeño que pide ayuda y consuelo. Consuélalo, no lo rechaces, no lo niegues. Comenzará a reír antes de lo que imaginas.

Cuando te aceptas de verdad, con una honestidad absoluta y feroz, empezarás a encontrar solo aceptación a tu alrededor. Cuando te aceptes, estarás ayudando a los de tu alrededor a que hagan lo mismo, será como una invitación silenciosa, como una vibración que se expande y contagia. Tenemos millones de bacterias en nuestro cuerpo que son beneficiosas y que nos dan la vida. No te quedes ahora encerrado, sal a contagiar, sal a contaminar, tira los antibióticos a la basura y bríndate abierto con todo lo que hay en ti. Con todo. No valores, no hay bueno ni malo, no hay lindo ni feo. La música siempre necesita de sus silencios.

 Leandro Ojeda López

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