Cuando escuchas eso que no quieres escuchar.

cuando escuchas eso que no quieres escuchar

Escuchar la voz de tu corazón puede resultar desgarrador, como un grito en la noche despertando de repente. Pero si sigues escuchando atentamente, encontrarás un dulce susurro, un sonido de olas golpeando en la roca, una melodía inesperada que te invita a danzar el alma.

Estamos obsesionados con el que todo ‘vaya bien’. Obsesionados con que se cumplan esos buenos deseos que nos damos y que nos dan. Obsesionados con pensar positivamente para que nuestra vida sea ‘positiva’.

Hasta que no tengas claro que lo positivo y negativo no son más que parte de la manera que tiene el universo para expresar su ritmo, no podrás comprender que todo no es más que una compensación que solo puede resolverse como neutralidad.

Te asusta la neutralidad. Has aprendido que tienes que tomar partido. Que hay buenos y malos, explotadores y explotados, ricos y pobres, salvajes y civilizados. Y siempre, siempre, siempre, te has situado en el lado de los buenos, siempre. Tú eres de los buenos, muchacho, ¿cómo ibas a ser de los malos?

Pese a ser de los muy pero muy buenos, en lo más profundo, has sentido que había algo mal en ti. Has entendido que tu infelicidad ha estado justificada porque no eres lo ‘suficiente para…’

No eres suficiente para ser amado como deseas que te amen, porque no crees merecer tanto amor. No eres suficiente para tener esa casa, porque no está en tu destino tener ese dinero para comprarla. No eres suficiente para tener ese trabajo, porque hay otros ‘mejores’ que tú para eso. No eres suficiente para todo lo que deseas. Te sientes insuficiente.

Como eres tan bueno, no soportas escuchar esa voz que te dice que no eres tan bueno. Y buscas que algo externo te venga a resolver lo que ya está resuelto dentro tuyo porque eres parte de la inmensidad. Te sientes separado y único en tu especie, y te sientes menos solo cuando encuentras a otros tan desgraciados como tú. Eso te consuela. Sin embargo, sueñas con salir de ese club y pasarte lo antes posible al club de los agraciados, y prometes que, cuando eso pase, harás obras de caridad para los infelices.

Cuando no está tu vida como quieres que esté, lo peor que te puede pasar es que te digan lo que no quieres escuchar. Quieres oír que eres especial, que le gustas a todo el mundo, que todos quieren estar contigo y que te están buscando para darte los trabajos y regalos que más quieres. Estás esperando que otros te digan lo que quieres oír, es más, estás esperando que te digan lo que te gustaría oír de ti y no puedes decirte, porque, por fortuna, ya no puedes mentirte.

Sin embargo, escuchas que el trabajo se lo han dado a otro, que tu amada se ha ido con otro, que la luz se ha cortado solo en tu manzana, que no te han invitado a la fiesta de tus amigos y que lloverá todos los días el fin de semana largo en que te tomarás vacaciones en la playa.

Cuando escuches aquello que no quieres oír, agradece al mensajero. Una vez que superes el impacto emocional, agradece el mensaje. Es lo que necesitabas oír y nadie se atrevía a decírtelo. Pide que te digan todo, principalmente aquello que no estás dispuesto a oír. Una vez pasado el azote de dolor, la situación será más transparente, la sombra entrará en zona de luz y podrás verla. Entonces, sabrás qué hacer. Entonces, cuando entres en esta práctica, el miedo empezará a perder fuerza, empezarás a caminar con menos peso. No te sentirás ya tan bueno ni tan poco merecedor.

Cuando empieces a aprender a oír aquello que no quieres oír, empezarás a derribar las murallas del miedo y el silencio. Empezarás a sacarte el velo de tu corazón. Un día, tal vez, estarás preparado para escuchar la verdad siempre. Entenderás que solo la verdad te hará libre, y sabrás, por fin, que la verdad no es ni buena ni mala. La verdad es lo que eres, y es hora de escuchar a tu ser en su más intensa crudeza, en su más vibrante esplendor.

Escuchar la voz de tu corazón puede resultar desgarrador, como un grito en la noche despertando de repente. Pero si sigues escuchando atentamente, encontrarás un dulce susurro, un sonido de olas golpeando en la roca, una melodía inesperada que te invita a danzar el alma.

Leandro Ojeda López
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s